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Un acto de amor: trasplante renal transforma la vida de dos hermanas en el HCAM
Quito, 6 de mayo de 2026
En el Hospital de Especialidades Carlos Andrade Marín (HCAM) hay momentos en los que la medicina deja de ser únicamente ciencia y se convierte en un acto de amor.
Rocío Manobanda, de 34 años, docente y residente en el Puyo, vivió durante seis años conectada a una máquina de hemodiálisis. Su rutina, marcada por la incertidumbre y las limitaciones físicas, parecía no dar tregua. "Antes no podía tomar agua, ni hacer actividad física", recuerda.
Sin embargo, hoy la esperanza marca el tono de su voz. Tras un trasplante renal con donante vivo realizado en el HCAM, Rocío empieza a reconstruir su vida. "Gracias a Dios y a mi hermana voy a tener una vida normal", dice aún conmovida.
El riñón que recibió fue donado por su hermana Jessica, de 30 años, oriunda de Guaranda y residente en Morona Santiago. Ahí dedica su vida a la agricultura y ganadería. Es madre de dos niños de 10 y 6 años, y, además, la menor de 12 hermanos. "Fue un camino largo que iniciamos hace dos años, pero siempre estuve segura. Nunca dudé en donar", afirma con serenidad.
Esta historia forma parte de los 28 trasplantes que el HCAM realizó en lo que va de 2026: 10 de córnea, 11 de médula ósea y siete renales, con donantes vivos y cadavéricos.
La decisión de Jessica de donar su riñón no nació de un impulso momentáneo, sino de un vínculo construido desde la infancia. Crecieron juntas, como "gemelas", comparte Jessica. "Ella fue mi inspiración, fue como mi madre. Hemos sido siempre muy unidas". Esa conexión, asegura, hoy se siente aún más profunda. "Somos más hermanas, no solo por compartir la misma sangre, sino también el mismo riñón".
Durante dos años atravesaron juntas el proceso médico, exámenes, evaluaciones y esperas. "Yo le decía: Rocío, todo va a salir bien. Hemos caminado juntas todo este tiempo", recuerda Jessica. Y así fue.
La cirugía, realizada por el equipo multidisciplinario del HCAM, es también reflejo del nivel de profesionalismo y compromiso del personal de salud. Médicos especialistas, cirujanos, nefrólogos y personal de enfermería acompañaron cada etapa con rigurosidad y calidez humana. "Me han tratado súper bien todos, me han dado seguridad", destaca Rocío.
Tras la intervención, Rocío permaneció 10 días hospitalizada y ahora continúa su recuperación. Los cambios ya son evidentes: "Tengo energía, puedo alimentarme mejor, me siento más tranquila. Voy a poder hacer ejercicio y hacer cosas que antes no podía".
Para Jessica, el proceso también ha sido positivo. "La recuperación es normal, no tan complicada. Me siento feliz", afirma. Pero más allá de lo médico, su mensaje es más cercano. "Debemos ser más humanos. Un órgano puede salvar muchas vidas. Si pudiera ayudar a más personas, lo haría", dice mientras sus ojos brillan.
Una historia de dos hermanas, de amor, de familia, de entrega y de la capacidad de dar vida incluso en medio de la adversidad. "Desde lo más profundo de mi corazón, gracias por haber arriesgado tu vida por mí", expresa Rocío a su hermana, en un agradecimiento que trasciende las palabras.
