Cuando la esperanza encuentra un camino en el HCAM
Quito, 20 de febrero de 2026
En la fría mañana quiteña, mientras muchas familias comenzaban su día, una familia vivía uno de los momentos más esperados de su vida: ver salir caminando al hombre que, semanas atrás, parecía desvanecerse entre incertidumbres, diagnósticos sin respuestas y largas esperas de atención médica.
Ese hombre es José Nacimba, un ecuatoriano de 65 años cuyo nombre pronto será recordado como símbolo de lucha, fe y la importancia de una atención médica oportuna.
José había recorrido un calvario que muchos conocen demasiado bien. Tras meses sintiendo que algo no estaba bien en su cuerpo, pasó de un establecimiento de salud a otro, buscando respuestas, sin encontrar diagnósticos certeros. Sus hijos no estaban dispuestos a rendirse: convencidos de que había algo más que una enfermedad sin nombre, decidieron buscar un Hospital con especialistas capacitados para casos complejos.
La familia llegó al Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM) y al fin luz al final del túnel: un diagnóstico correcto y la posibilidad de un trasplante de médula ósea, un procedimiento que ha marcado hitos en el país como parte de los avances en tratamientos para enfermedades hematológicas complejas.
Lo que siguió fue la esperanza que nunca se apagó. Sus familiares permanecieron junto a él, sosteniendo sus manos, compartiendo risas que esperaban ser mayores que las lágrimas, recordándole que no estaba solo.
Hoy el corredor del Hospital se llenó de ovaciones. No por un número, sino por una historia de vida. José a sus 65 años, sale con pasos firmes, respirando aire de libertad, mirando a quienes lo acompañaron con profundo agradecimiento. José no solo venció a la enfermedad, venció la desesperanza.