Lupe volvió a respirar gracias al HCAM
Quito, 28 de agosto de 2025
Durante más de tres décadas, la vida de Lupe Zárate, de 73 años, estuvo marcada por una batalla silenciosa. Lo que empezó con simples alergias se transformó en un calvario: sinusitis crónica, cuatro cirugías costosas en un hospital privado y un diagnóstico de pólipos nasales adheridos a la base de su cerebro, amenazando sus días.
"He sufrido tanto¿ no poder respirar, no poder dormir, no tener una vida social normal. Es muy difícil. A veces ya no tenía ganas de vivir", recuerda con voz quebrada. Cada cirugía le costó cerca de 9 mil dólares, hasta que un día decidió tocar las puertas del Hospital de Especialidades Carlos Andrade Marín (HCAM).
"Mi esposo y yo somos afiliados pero nunca ocupamos el seguro", afirma.
Ahí conoció al doctor Carlos Ríos, otorrinolaringólogo, quien tras evaluar su caso confirmó la gravedad: una obstrucción crónica que comprometía su calidad de vida. La solución fue una cirugía endoscópica funcional mínimamente invasiva, realizada por las fosas nasales con tecnología de alta precisión y un equipo multidisciplinario. "Se trata de abrir los senos paranasales y retirar la secreción acumulada para mejorar la respiración. No es una cura definitiva pero sí devuelve calidad de vida al paciente", explica el especialista.
Según Ríos, entre el 15 y 20% de la población sufre sinusitis crónica y hasta un 5% de los casos requiere cirugía, debido a complicaciones como obstrucción nasal severa, dolor recurrente, infecciones, ronquidos o apnea del sueño. "Operamos 16 pacientes mensuales con estas patologías", indicó.
Hoy, después de la cirugía y del seguimiento médico, Lupe respira diferente: recuperó el olfato, la energía y las ganas de vivir. "A mis 73 años soy activa, camino, hago de todo. Dejé los corticoides y sigo las indicaciones médicas. Para mí la experiencia con el IESS ha sido una bendición", afirma sonriendo.
Historias como la de Lupe reflejan el compromiso del HCAM: brindar atención médica especializada y de calidad, con un enfoque humano, tecnología avanzada y profesionales comprometidos en devolver esperanza a los pacientes más complejos.
"Viviré para dar gloria a Dios. Ahora, simplemente, puedo respirar", resalta Lupe, con gratitud al Hospital y al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).